Iglesia Pentecostal Emanuel

  IGLESIA  PENTECOSTAL  EMANUEL   

NUESTRA  MISION

 

 

La Visión y Misión de la Iglesia Pentecostal Unida Emanuel, es la misma visión y misión del Señor Jesucristo. . .

El Señor miró las multitudes que andaban errantes como ovejas sin pastor, y tuvo compasión de ellas. . . y nosotros también.

El Señor miró los campos blancos listos para la ciega, y nosotros también.

La Visión y Misión de Los Pentecostales para el siglo XXI continúa siendo la misma visión y misión del Señor Jesucristo: "Id y haced discípulos a todas la naciones."

Nuestro principal objetivo es. . .
Por medio de un programa de respaldo espiritual y financiero, y por medio de la participación en cruzadas, seminarios de liderazgo, y Conferencias de "Tiempos de Refrigerio" evangelizar las naciones  más allá de nuestras fronteras

Y con un involucramiento masivo de cada miembro por medio de la oración, intercesión, evangelismo y apoyo financiero, vamos a alcanzar toda alma del Área de Alberta. con el Evangelio de Hechos 2:38, sin interesarnos en su raza, color de piel o idioma.

¿Cómo vamos a alcanzar nuestro objetivo?

EXALTACION, EDIFICACION Y EVANGELISMO.

Vamos a EXALTAR el nombre de JESUS con nuestro testimonio, nuestras alabanzas, y nuestro dar.

Vamos a EDIFICARNOS unos a otros hasta llegar a la estatura de la medida del Señor Jesucristo, amándonos y respetándonos unos a otros, por medio de la oración unánime, retiros espirituales, Grupos Pequeños y Estudios Bíblicos Semanales.

Vamos a EVANGELIZAR, a familiares, amigos, vecinos y ciudades por medio de Grupos Pequeños, tratados, cultos públicos,  evangelismos puerta a puerta, programas radiales, y plantando iglesias hijas en toda el area de Alberta.

Nuestra Visión y Misión son: ALMAS

Contáctenos o visítenos, vea nuestra página de Información General

 

DOCTRINA

 

PLAN DE SALVACION

Predicamos el plan de salvación neotestamentario, basados en Hechos 2:38, es decir arrepentimiento, bautismo en agua en el nombre de Jesús, y la llenura del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en nuevas lenguas. El arrepentimiento, el bautismo en agua en el nombre de Jesús, y la llenura del Espíritu Santo, es lo que le permite al hombre vivir una verdadera vida de santidad.

Tras la primera predicación de la iglesia apostólica, algunos de los oyentes se conmovieron de corazón y preguntaron a los apóstoles que era lo que tenían que hacer para ser salvos. Entonces "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2:38).

La declaración del apóstol Pedro, reflejaba las palabras dichas por el Señor Jesucristo, acerca del plan de salvación que Dios tenía en mente para el periodo de la gracia (o de la Iglesia). "Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:5).

Para cumplir el plan Bíblico de salvación, una persona debe nacer de nuevo sintiendo dolor por su pecado a través del arrepentimiento (Proverbios 28:13, Hechos 22:16, 2. Corintios 7:10), siendo sepultado juntamente con Cristo por el bautismo en el nombre de Jesús (Romanos 6:4-6), y resucitándo a una nueva vida recibiendo el regalo del Espíritu Santo (Romanos 8:9) con la evidencia de hablar en otras lenguas como el Espíritu de Dios le de que hable (Hechos 2:3-4).

Arrepentimiento:
Los Pentecostales Apostólicos, creemos que el arrepentimiento es esencial para la salvación (Lucas 13:5). Definimos el arrepentimiento como apartarse del pecado y volverse hacia Dios. El verdadero arrepentimiento requiere que el hombre reconozca que es un pecador, haciendo una confesión de sus pecados a Dios, creyendo que Dios le puede perdonar y limpiar de todos ellos (1 Juan 1:9).

Creemos que el arrepentimiento está acompañado por un dolor piadoso, que es el motivador del verdadero arrepentimiento (2. Corintios 2:10). El arrepentimiento también es un requisito previo para recibir el Espíritu Santo (Juan 14:17; Hechos 2:38). Por último, la habilidad de arrepentirse es temporal y sólo puede lograrse mientras uno está vivo (Hebreos 9:27).

Bautismo en el Nombre de Jesús:
Para los Pentecostales Apostólicos, El bautismo es otro componente esencial para la salvación. Aafirmamos la necesidad del bautismo como es mostrado en Mateo 28:19, Marcos 16:16, Hechos 2:38, 1. Pedro 3:21, etc. El modo de bautismo es por inmersión completa en el agua, invocando el nombre de Jesucristo. Los Pentecostales Apostólicos creemos que la salvación no se puede recibir sin el bautismo, específicamente sin la invocación del nombre de Jesús. Para hacer esta afirmación, Nosotros nos apoyamos en Hechos 2:38, Hechos 8:16, Hechos 10:48, y Hechos 19:5. Además recalcamos que estas son las únicas escrituras que muestran lo que se hizo en la iglesia primitiva.

Bautismo del Espíritu Santo:
Los Pentecostales Apostólicos confiesamos que el bautismo del Espíritu Santo es parte del plan de salvación, y que hablar en lenguas (es decir, hablando en idiomas que uno nunca ha aprendido anteriormente) por el poder de Dios, es la evidencia inmediata, exterior, notable, y audible de ser bautizado con el Espíritu Santo. Ellos creen que el don del Espíritu Santo es una promesa para todos los que crean en el evangelio, sin tener en cuenta raza, cultura o idioma (Hechos 2:4, 2:17, 2:38-39, 10:46, 19:6, 1. Corintios 12:13). La lengua se convierte en el vehículo de expresión del Espíritu Santo (Santiago 3), y Dios toma el mando de la vida del creyente.

Enseñamos que el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no debe confundirse con la señal inicial de recibir el Espíritu Santo, pues el fruto del Espíritu es la señal permanente del Espíritu Santo. El fruto del Espíritu toma tiempo para desarrollarse o cultivarse, por consiguiente no calificaría como una señal inmediata, exterior e identificable de recibir el Espíritu Santo.

En el libro de los Hechos, las lenguas son diferentes en funcionamiento y propósito a las lenguas de 1. Corintios 12-14. Ambas citas no mencionan la misma experiencia. En los Hechos de los Apóstoles, las lenguas sirven como la señal firme de recibir el Espíritu santo; mientras que en 1. Corintios 12-14 el apóstol Pablo está haciendo una exposición del don de lenguas que era administrado por algunos creyentes. Uno recibe a Cristo cuando recibe el Espíritu Santo (Romanos 8:9).

  Santidad
Los pentecostales del nombre de Jesucristo, creemos que la salvación se obtiene por gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por las obras (Tito 3:5), pero la fe sin obras está muerta (Santiago 2:24-26). Definitivamente ningún ser humano en esta tierra, podrá "ganar" su salvación por tratar de "vivir" el evangelio, sin OBEDECER primero la salvación que está ordenada para todos los hombres, debajo del cielo.

La santidad es y debe ser resultado de la obediencia inicial a la salvación y no producto de practicar "normas" de estilos de vida, como el vestirse, peinarse, alimentarse, etc.

La santidad que vive el creyente se debe reflejar interior y exteriormente, pues todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, debe ser guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1. Tesalonicenses 5:23). La verdadera doctrina, así como la santidad, caracterizan al verdadero pueblo de Dios: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” (1 Timoteo 4:16).

Dios nos ha mandado a abstenernos de toda especie de mal (1. Tesalonicenses 5:22). También la Biblia nos insta a acatar los mandamientos de Dios (1. Juan 2:4). Es aquí precisamente que todo aquel que haya obedecido la salvación que anuncia el evangelio de la gracia y la bondad de Cristo podrá definitivamente amar y obedecer los mandamientos originales de la ley de Dios, que estuvieron basados antiguamente en la ley de Moisés, bajo la ley de la "espada del juicio divino" de que el que no los hiciera ciertamente moriría; mandamientos que ahora obedecemos bajo la ley de Cristo, la ley del amor y del cumplimiento, los cuales por la obra redentora y reconciliadora del Señor Jesús en el calvario, fueron elevados a un nivel en que la justicia divina los ve y considera a través de la obra expiatoria de Cristo, y por lo tanto toda obediencia a ellos, es resultado primero de la obra que hizo el Señor. Cuando nosotros obedecemos sus mandamientos, alcanzamos la garantía de los beneficios de la redención alcanzada por Cristo, por eso la salvación nunca ha sido lograda por ningún mérito personal de los creyentes, pues todo el mérito pertenece a Cristo.

La santidad del creyente está unida al acontecimiento maravilloso de la promesa del Señor Jesús, de que un día vendrá por su iglesia."Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual, nadie verá al Señor..." (Hebreos  12. 14).